LA MÚSICA EN LOS CULTOS DE NUESTRA HERMANDAD

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En el libro Crónicas de una Iglesia: la Capilla Mayor y la Insigne Iglesia Colegial de Olivares , obra imprescindible de nuestro Párroco Emérito, don Antonio Mesa Jarén, en el capítulo XXIII, dedicado a la música en tiempos de la Colegial, dice el autor:

“La música fue desde siempre un elemento fundamental en el culto divino, algo insustituible. La alabanza al Altísimo mediante himnos, romanzas, canciones, melodías armoniosas de toda índole, a una o varias voces, acompañadas de los más diversos instrumentos, ha tenido lugar desde los más remotos tiempos. (…) Por tal razón, en todas las celebraciones litúrgicas jamás faltaron, de una forma u otra, las expresiones musicales. En la misma cena del Señor, donde tuvo lugar la institución de la Eucaristía, refiere el evangelista San Mateo (26, 30) que, al final, “cantando los himnos salieron al monte de los Olivos”.

Así fue durante el tiempo que duró la Colegial, adonde acudían los mejores músicos para lograr la plaza de maestro de capilla, después de superar durísimas pruebas. En el archivo de la Abadía se encuentran valiosas partituras musicales de aquella época, que han sido objeto de los estudiosos. La música, pues, fue parte primordial del culto en la Colegial y, desde luego, en nuestra Hermandad, que desde su fundación estableció allí su sede canónica. Señala Antonio González Polvillo en su reciente obra Orígenes de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad de la villa condal de Olivares (1712-1757) que para las dos procesiones del Viernes Santo los miembros de la junta de gobierno “combiden la Música que al presente vbiere en la Yglesia para que en ambas proçesiones baian cantando”. Así debió ser también en los cultos internos, que se celebraban con el esplendor acostumbrado en la Abadía, especialmente el Viernes de Dolores, en las que los capitulares cantaban tercia en honor de Nuestra Señora.

Tras el nuevo impulso que recibió la Hermandad a partir de 1945, el esplendor de los cultos fue una de las señas de identidad de nuestra Hermandad, superando incluso a la propia estación de penitencia. En la memoria colectiva permanecen aquellos septenarios de masiva afluencia y enorme fervor que constituían todo un acontecimiento en la vida local. Célebres predicadores y afamados músicos prestigiaban aquellos cultos inolvidables.
Entre estos músicos destacó don Manuel Villalba González (1912-2001) famoso tenor que tenía una pequeña compañía de músicos que actuaba en los cultos cofrades. Estos músicos llegaban hospedarse en casa de algunos hermanos de la Hermandad durante los cultos, pues hacían el septenario completo.

Hemos rescatado una grabación de principios de los ochenta (hacia 1982) de la última actuación de este ilustre tenor en el Septenario de la Santísima Virgen de los Dolores. La grabación no tiene mucha calidad, pero constituye un entrañable documento sonoro de aquella época.

ACTOS INOLVIDABLES. 1987: EL 275º ANIVERSARIO DE LA HERMANDAD

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Parece ser que hasta el año 1987, en el que se cumplían 275 años de su fundación, la Hermandad no había conmemorado nunca de forma especial esta efeméride, y, quizá por ello, lo hizo con enorme ilusión. El año próximo celebraremos el III centenario; con este motivo, queremos recordar aquí aquel acontecimiento inolvidable que muchos de nosotros tuvimos la suerte de vivir hace ya veinticinco años.

Los actos de la celebración del 275º aniversario de la fundación de la Hermandad comenzaron en el mes de febrero con una exposición fotográfica y documental en la casa-Hermandad. En ella se mostraban documentos históricos y fotografías hasta entonces inéditas, fruto de una laboriosa tarea de recopilación e investigación. Algunos documentos salían por primera vez del archivo parroquial y muchas de las fotografías procedían de los negativos cedidos amablemente por el fotógrafo local don Rafael Olea, gracias al cual pudimos recuperar imágenes y estampas entrañables de antaño. El éxito de público fue tal que hubo que ampliar las duración de la muestra. También se celebró un concurso y exposición de pasos en miniatura entre los escolares, que igualmente gozó del favor del público.

Durante el triduo a Jesús Nazareno hubo un reconocimiento especial a dos de nuestros hermanos más veteranos. La Junta de Gobierno concedió el título de “Hermano Ejemplar” a don José González García y a doña Ana Fraile Reyes, por su dilatada vida de amor y entrega a la Hermandad.

Se editó la publicación 1712-1987: 275 años de historia. Revista del Aniversario, en la que se hacía por vez primera un detallado estudio de la historia de la Hermandad desde sus orígenes hasta la fecha, resultado de una minuciosa labor de investigación del archivo parroquial y del de la propia Hermandad. Además se incluían prestigiosas colaboraciones, como la de don Eduardo Ibarra, entonces Hermano Mayor del Silencio, don Luis Becerra, en aquel momento jefe de la Obra Cultural de Caja San Fernando o la del propio Arzobispo. Esta revista fue el germen de los actuales boletines cuaresmales y ha sido la principal fuente de consulta sobre la historia de la corporación.

Pero, sin duda, los actos de mayor repercusión popular tuvieron lugar durante el mes de septiembre. Del 10 al 12 de ese mes se celebró un triduo extraordinario a nuestros sagrados Titulares en el altar mayor de la colegial. Las imágenes de Jesús Nazareno y de la Stma. Virgen aparecían por primera vez juntos en un altar de cultos, a ambos lados de la cruz con las escaleras y el sudario, símbolo de nuestra Hermandad. La predicación estuvo a cargo de don José Gutiérrez Mora, muy vinculado a nuestra corporación, que ofició los cultos con especial fervor, especialmente durante la exposición de Su Divina Majestad antes de la misa. El triduo terminó con la procesión claustral del Santísimo Sacramento, algo que no se celebraba desde hacía décadas y que recordó toda la solemnidad de entonces.

El domingo 14 de septiembre tuvo lugar la solemnísima función principal, presidida por el Arzobispo de Sevilla, Fray Carlos Amigo Vallejo. El prelado fue recibido en la puerta principal de la colegial por el señor cura párroco y por la Junta de Gobierno, presidida por el Hermano Mayor, don Bernardo González Fraile, que le ofreció su vara y le impuso la medalla.  A las doce de la mañana comenzó la eucaristía, a la que asistieron numerosas hermandades invitadas; una coral polifónica acompañada de orquesta interpretó la misa solemne bajo la dirección de don Antonio Mesa Jarén, autor también de la partitura. Terminada la misa, Fray Carlos bendijo un azulejo conmemorativo de la efeméride con la imagen de Jesús Nazareno en la plaza que lleva su nombre.Tras la brillante celebración, todos los asistentes se reunieron en un fraternal almuerzo en la casa-Hermandad.

Y finalmente llegó el día que todos esperábamos. Había una extraordinaria expectación por ver a la Stma. Virgen en procesión gloriosa por primera vez en la historia de la Hermandad. Los días previos a la salida, las calles vivieron una gran efervescencia. Los vecinos se afanaban en decorarlas con flores de papel, colgaduras y arcos efímeros: célebres fueron los situados en las calles Constitución, Inés de Guzmán, Larga o Blas Infante. La víspera, todo el itinerario se mostraba completamente engalanado, y los vecinos y curiosos transitaban por el recorrido para comprobar el trabajo realizado.

En la mañana del día 20, la alegre diana floreada anunciaba a todos que el gran día había llegado. Unas gotas de agua, como de costumbre, nos tuvieron en vilo durante unas horas, pero pronto aclaró. La Stma. Virgen aparecía en el trascoro de la colegial en el paso de Jesús Nazareno, especialmente adaptado para la ocasión y adornado con cientos de nardos.

A las siete de la tarde comenzó a salir el cortejo de hermanos con cirio y decenas de hermanas de mantilla; a continuación, el cuerpo de acólitos con cuatro ciriales y pertiguero, que por primera vez figuraban en un cortejo procesional en Olivares y en el Aljarafe. Por fin, apareció en el dintel de la puerta la Santísima Virgen, en una estampa inédita hasta entonces, a la luz del atardecer, sin palio y luciendo en su pecho –como antaño- el corazón de oro. Una salva de cohetes y el repicar de las campanas anunciaron que Nuestra Señora ya estaba en la calle. Acompañada por los sones de la Banda del Carmen de Salteras, La Stma. Virgen recorrió las calles entre el fervor de sus devotos, que, poco a poco, iban contagiándose del ambiente festivo y prorrumpían en vítores y vivas a Nuestra Señora, que entró en el templo ya de madrugada.

El domingo siguiente, día 27, concluyeron los actos con la Función en honor de los Dolores Gloriosos de la Stma. Virgen y el tradicional Besamanos, que en esta ocasión fue más multitudinario, si cabe, que en otras ocasiones. Un desfile incesante de fieles y devotos acudió a contemplar a Nuestra Señora, que estrenaba saya bordada en tisú de plata en los talleres de Caro. En sus rostros se reflejaba el gozo de haber podido disfrutar de unas vivencias inolvidables y el anhelo de poder vivirlo de nuevo veinticinco años más tarde. A todos aquellos que ya no podrán cumplir este deseo va dedicado este emocionado recuerdo.

 

OTRAS MIRADAS: RIK WANNINKHOF

Rik Wanninkhof es un artista polifacético: fotógrafo, pintor, bailarín y profesor de danza…. Llegó a Sevilla a principios de 2001 desde su Holanda natal buscando el arte y la vida del sur; quedó enamorado de Sevilla y de sus tradiciones, y aquí sigue, intentando captar con su objetivo o plasmar sobre el lienzo el colorido, la luz, la emoción y el sentimiento de nuestras fiestas más populares. Sus fotografías reflejan la óptica del profano respetuoso y admirado de lo que ve; resalta aquellos detalles que, por ser demasiado cotidianos y familiares, para nosotros pasan inadvertidos; ofrece, en definitiva, una visión diferente, una mirada distinta, menos cofrade y más artística. Por eso, el reportaje que realizó en Olivares en la Semana Santa de 2005 tiene un valor especial, por ser algo inédito y original, por mostrarnos otra mirada de nuestra Semana Santa.

 

EL NUEVO DOSEL

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Desde hace más de treinta años, la Hermandad ha ido enriqueciendo notablemente su patrimonio artístico y devocional, centrándose sobre todo en el culto externo. Los “pasos” de nuestra Hermandad han ido adquiriendo en estos años todos los elementos necesarios para ser considerados entre los mejores conjuntos de la provincia.

Sin embargo, quizás no todos los hermanos conocen que, de forma paralela y con un presupuesto exiguo –y a veces casi nulo-, se ha ido mejorando ostensiblemente todo lo relativo al culto interno de la Hermandad. A lo largo de estos años se han ido construyendo las estructuras y paramentos necesarios para que los cultos revistan el esplendor que merecen. Se comenzó con el altar de Jesús Nazareno, revistiéndolo de paneles marmorizados, dosel y credencias; se confeccionaron reposteros, dalmáticas, se hizo una mesa de cultos, se restauró el frontal de altar de la Stma. Virgen, y un largo etcétera.

Pero quedaba el gran reto: el altar del septenario, que por sus mayores dimensiones y por su complejidad merecía mayor estudio y dedicación. Para su diseño definitivo había que contar con los antiguos respiraderos del paso de la Virgen, que no podían usarse hasta que se estrenaran los nuevos, y con un gran dosel que tuviera las proporciones del anterior pero mayor riqueza. Entonces un grupo de hermanos tuvimos la osadía de intentar reproducir el diseño del gran manifestador del Corpus que tiene la parroquia. Naturalmente, la empresa era de gran complejidad, no sólo a la hora de reproducir fielmente el dibujo y las dimensiones exactas del manifestador, sino a la hora de decidir en qué materiales se haría para que el resultado fuera digno. Para esto contábamos con la ayuda inestimable de nuestro asesor artístico, don Luis Becerra, y para las labores de carpintería con el buen hacer de nuestro anterior prioste, don Alfonso Domínguez Román. No nos era ajena otra dificultad: el espacio necesario para realizar un dosel de casi cinco metros de altura.

Una vez estudiadas y solventadas las dificultades iniciales, decidimos acometer la obra. El día seis de junio de 2006, siendo Hermano Mayor don Bernardo González Fraile, comenzamos “la casa por el tejado”: primero se hicieron las dos jarras y el penacho que rematan el dosel. Luego se inició la gotera y la cornisa o burlete semicircular que la rodea; posteriormente se hicieron los bordados interiores y por último las “orejas” o contrafuertes exteriores. Todo ello en un bastidor de dos metros de largo, por lo que los bordados interiores y las orejas se hicieron en tres paños que hubo que unir una vez terminados. Estos trabajos concluyeron el veinte de junio de 2007. Luego siguieron las labores de carpintería y montaje: las jarras, el penacho y la gotera van sobre soporte de madera; el panel central va sobre una estructura de aluminio. Finalmente, el 12 de septiembre de 2007, Festividad del Dulce Nombre de María, quedó instalado en el altar mayor de la iglesia parroquial de Olivares, siendo Hermano Mayor don Julián Fraile Suárez.

El dosel mide 4.90 metros de alto En la realización del bordado se han empleado 14 meses de trabajo (unas 4.800 horas aproximadamente). Se han utilizado 9.500 metros de hilo de coser y 2.700 metros de cordón de perfilar (500 de cordón de oro y 2200 de cordones de colores). Además se han usado 4000 lentejuelas, 6 metros de tisú de oro y 7, 5 metros de brocados. Todo ello va sobre un soporte de 26 metros y medio de terciopelo carmesí.

Como reza en las abreviatura final de nuestras convocatorias de cultos: todo sea “a mayor gloria de Dios y de la Bienaventurada Virgen María”.

 

 

LAS TÉCNICAS DEL BORDADO EN LOS NUEVOS RESPIRADEROS DEL PASO DE NUESTRA SRA. DE LOS DOLORES

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Muchas son las piezas que esta Casa ha realizado para esta querida Hermandad. Son ya casi treinta años de relaciones en los que se ha plasmado una amplia obra de bordados: bambalinas, techo de palio, sayas, manto de salida, manto de camarín,etc.

En estos días se ultiman en este obrador los bordados de una pieza que puede ser un hito en la producción realizada para esa Hermandad. Se trata de unos respiraderos para el “paso” de María Stma. de los Dolores, que rompe, un tanto, con el estilo y carácter de los anteriormente realizados. De traza eminentemente clasicista, según proyecto de Luis Becerra Vázquez, es posiblemente la más importante obra realizada por este Taller en la última década.

La pieza se compone de trece paños bordados sobre terciopelo y malla de oro. La parte inferior de cada paño se monta sobre malla de bolillo, de cierre denominado “punto de la Virgen”, y la parte superior sobre terciopelo granate. La malla está enmarcada en la parte inferior por roscos a modo de galón con filo de cartulina y en la parte superior por dos “quimeras” o cabezas de león, piezas tejidas de muestra con filo de hojilla, rematados con pieza escamada y recogido todo el conjunto con lazos de milané azul. En el centro de cada paño se sitúa una cartela, siete de las cuales están bordadas en seda, representando los Siete Dolores de la Virgen, y los seis restantes entonan la primera estrofa del “Stabat mater”: “Stabat mater dolorosa iuxta crucem lacrimosa”. Todo el conjunto se monta sobre soporte de plata repujada.

Aparte de los puntos tradicionales del bordado sevillano, en la culminación de estos respiraderos se han usado las técnicas más nobles y difíciles del oficio, que ya desgraciadamente apenas se utilizan, tanto por su elevado coste como por la carencia de oficialas que las dominen. En esta obra destacamos las escenas en miniatura bordadas en seda de las cartelas centrales y los lazos bordados en milané a un solo cabo en diversas tonalidades de color azul celeste. Las cabezas de los leones o “quimeras” son un resumen de formas interpretativas del bordado: cabezas de cordón a un cabo, cartulinas montadas con distintos materiales y listadas y pelo de lentejuela escamada. La parte superior de la cabeza y el cuerpo, se montan sobre “paredillas” de torzal.

Esta misma técnica se utiliza para montar los roscos inferiores y consiste, utilizando un símil más o menos comprensible, en montarlos sobre una pared realizada por cuatro o seis pasadas de torzal, lo que da un gran volumen a la pieza, ya que queda levantada entre uno o dos centímetros de la superficie.

Piezas de lentejuelas escamadas, cartulinas montadas sobre hojilla, piñones de hojilla, etc., conforman el resto de este singular bordado que, como hemos dicho al principio, es una de las piezas más importantes realizadas por este taller, tanto por la originalidad del proyecto como por la calidad y singularidad de sus bordados.

Una vez que se monte sobre el soporte de plata repujada, creemos que va a representar una de las más completas obras de artesanía cofrade realizadas por este taller, que sin duda enriquecerá el acervo artístico de nuestra Semana Santa.

José Manuel Elena Martín

Director del Taller de Bordados
“Sobrinos de Esperanza Elena Caro”

 

EL BESAMANO A LA STMA. VIRGEN DE LOS DOLORES: HISTORIA EN IMÁGENES

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Parece ser que fue la Esperanza Macarena la primera Imagen Dolorosa que recibió este particular acto de culto en los años veinte del pasado siglo, como demuestra una conocida fotografía de la Imagen en la parroquia de San Gil; sin embargo, algunas Imágenes de Gloria, como la Virgen de la Caridad de Sanlúcar de Barrameda, ya eran expuestas en Besamanos con anterioridad, según reflejan antiguas convocatorias de culto.

El deseo de acercarse a una imagen devocional por parte de los fieles es muy antiguo, y normalmente se recurría a cintas, que partiendo de la mano de la Imagen terminaban en una medalla que los fieles podían besar, como si fuera una prolongación de la Imagen misma. Este recurso preservaba las tallas, sobre todo las de pequeño tamaño, y a la vez las acercaba a la veneración de sus devotos.

En el caso de las Imágenes Dolorosas, ataviadas con corona y manto real, el acto del “besamano” viene a destacar la realeza de María, que recibe este homenaje de sus fieles como los reyes lo reciben de sus súbditos. Las especiales características de estas imágenes, la mayoría de tamaño natural y con los brazos articulados, han hecho que este culto se haya extendido a casi todas las Dolorosas, convirtiéndose en muchos casos en el acto más multitudinario después de la salida penitencial.

No tenemos noticia de que se celebrara el Besamano a la Stma. Virgen de los Dolores antes de la reorganización de los años cuarenta del pasado siglo. Probablemente, el hecho de tener las manos entrelazadas dificultaba este tipo de culto. Fue a partir de aquella fecha cuando el Besamano a la Santísima Virgen en la Festividad de los Dolores Gloriosos, el 15 de septiembre, cobró un auge especial, particularmente en las celebraciones que acompañaban a la Función Solemne: las verbenas, pasacalles, cohetería, actuaciones de afamadas bandas de música y otros actos festivos la fueron convirtiendo en una fiesta genuinamente popular.

Naturalmente, esta celebración ha estado marcada por la propia evolución de la Hermandad, y ha tenido momentos de esplendor y de decadencia, como la corporación misma. Sin embargo, fue siempre un acto masivo y popular, a pesar de que a veces no se pusiera montar con el esplendor con el que hoy lo conocemos. Desde sus inicios se ha venido celebrando de manera ininterrumpida, aun en tiempos en que la Parroquia permaneció cerrada para su restauración: muchos recordarán a la Stma. Virgen expuesta en Besamano en el trascoro, y la Función Solemne en la Plaza de Jesús Nazareno.

La presente galería quiere ser una muestra gráfica de la evolución en el montaje del Besamano, desde la sencillez de los primeros años a la majestuosidad de los últimos tiempos.